Cuando era adolescente, mi padre pagó a un psicólogo para que me orientara sobre mi vocación. El dilema era: ¿ciencias o letras?
Al acabar la sesión de más de 200 preguntas, el especialista le dijo a mi padre:
- Ahórrese el dinero. Su hija no debería ir a ninguna facultad.
- ¿Cómo? -respondimos asombrados.
- Su hija sería millonaria si vendiera libros, de puerta en puerta... ¡Nunca vi en una persona tanta persuasión!
Sin saberlo, el doctor acertó y descubrí mi pasión:
MARKETING:
EL ARTE DE
COMUNICAR
...¡VENDIENDO!