¡Oh sorpresa... me encanto! Hablaron del sacerdocio, de la necesidad de personas que desearan entregar su vida completamente. Comencé a recordar cada cosa que había pasado por mi mente los últimos años; cuando me preguntaba qué quería ser de grande y se me vino a la mente casi cada frase: quiero ser alguien diferente y me di cuenta que sacerdotes no había muchos, que eran diferentes, especiales, etc. También me acorde de la idea de ser doctor (médico) para ayudar a las personas y descubrí que el sacerdote no solo las ayudaba, sino que entregaba toda su vida por ellos. De pronto me di cuenta que aquello, era lo que estaba buscando. Regresé a mi casa decidido a ingresar al Seminario, le dije a mis padres, que en esta ocasión respondieron con un SI lleno de apoyo. Lo difícil fue decirle a la novia que bueno... pobrecita, lloro mucho, en fin. Terminé mi secundaria, tenía ya quince años, fui a otro preseminario en el verano, me aceptaron para formar parte de esa bella institución y entre a cursar mis clases de preparatoria, ya era seminarista e iba a ser sacerdote.
Fueron 10 años, casi 11, benditos años, 7 en Mexico y casi 4 en Estados Unidos; cuantas cosas buenas me regaló Dios. A través de los momentos de oración fue moldeando mi corazón para que nunca se cansara de buscarlo; a través de los estudios y clases fue moldeando mi mente para apasionarme por buscar siempre la verdad, que al final todas las preguntas convergen en una sola respuesta, en aquel que es la VERDAD, Jesús. Son tantas las cosas que recibí en el seminario que no terminaría de enumerarlas; valga decir que mis formadores, mis compañeros, cada cosa, cada evento... todo, absolutamente todo, contó. ¡Que grande es Dios, que grande! Los 11 años que pase ahí tuve muchas aventuras... interminables de contar, espero un día tener la oportunidad de hacerlo con más detalle todo, incluso mi proceso de salida que en medio de crisis personales, vocacionales, Dios me guió con el apoyo de mi director espiritual y a través de una sano discernimiento me mostró el camino.
En septiembre del 2002 salí del seminario de la Asunción en San Antonio Texas, ese mismo día estaba en Houston con el P. Francis haciendo una entrevista de trabajo y al día siguiente Dios me había regalado esta maravillosa misión de enseñar la fe, de promover y difundir este movimiento de Renovación que el mismo ha suscitado por la fuerza del Espíritu Santo. A finales del 2003 conocí a Alba Iris que en Julio 24 del 2005 se convertiría en mi ángel y mi acompañante en el camino de regreso a la casa del Padre por el resto de mis días aquí
El 3 de Noviembre del 2006 nació nuestra primer bebe, Natalia Alejandra, quien se ha convertido en la alegría y la mayor expresión del amor de Dios para Alba y para mí.
El 20 de Agosto del 2008 Dios nos envió un angelito para acompañar a su hermanita, su nombre es Diego Fernando, súper risueño, no podríamos estar más agradecidos con Dios.
Dios nos regaló un bebe más, Emilio Alonso y debo confesar que ver crecer a mis hijitos se ha convertido en toda una aventura... son mi aventura y mi bendición... Cuando estuve en el Seminario soñe con ser el mejor sacerdote que pudiera ser... esa intención y todo lo que representa lo he transferido a mi vocación del matrimonio... cada día lucho por ser el mejor esposo y el mejor papá que pueda ser... no es fácil pero esa es mi determinacion y de la mano de Dios... Todo se puede. Soy el tipo más feliz del mundo, el centro y eje de mi vida personal y familiar se llama JESÚS, el es mi pasión y mi inspiración