Mi nombre completo es José Juan Valdez Landín, soy de la zona conocida como el Bajio, en el estado de Guanajuato. El seno de una familia humilde me vió nacer. Mis padres Eleazar y Teresa con su sencillez, supieron sembrar en mi corazón buenos valores humanos y cristianos, entre los que resaltaba el de una fe profunda y llena de reverencia a Dios y, además, una profunda devoción a nuestra Virgen morena, Santa María de Guadalupe, patrona del pueblo en que nací.
Fui creciendo en un ambiente lleno de alegría y buenos principios. Somos 9 hijos, 5 hombres y 4 mujeres, de los cuales yo ocupo el quinto, el de mero en medio, una familia más o menos grande como podrán darse cuenta, como las de antes. ¡Cuantos recuerdos agradables, cuantas bendiciones dadas por Dios a través de mis padres y mis hermanos! Aquellos que sean de familias con muchos integrantes lo entenderan mejor y los que no, imagínense...
Los caminos de Dios...
Cuando tenía como 8 o 9 años me preguntaba, lo que todo niño hace antes, durante o después de esa edad, ¿Qué voy a ser cuando sea grande? Enfocándome en algunas profesiones comencé mencionando aquellas que más conocía: ¿Maestro? No, ya hay muchos... ¿Arquitecto? Mmmmm, tampoco, también hay muchos, ¿Abogado?... Mmmmm ese, de pronto, me llamó la atención, pero termine diciendo lo mismo, HAY MUCHOS. Yo quería hacer algo o ser alguien diferente; fue que se me vino a la cabeza la delirante idea de ser astronauta, de esos que van a la luna, jajaja, los sueños de un niño, no tienen medida, de verdad que andaba por las nubes o más alto aún, más lejos que la misma luna. ¿Recuerdas tus sueños de niño?... ¡que sueños! Cuando llegué a los 10 años y después de hacer mi primera comunión, me acerqué mucho a Dios y a su Iglesia. Me encantaba estar participando en los eventos y cursos de mi parroquia. Me inscribí en un curso para catequistas y la verdad no sé cómo fue, pero me aceptaron. Como a los 11 años conocí a unos seminaristas de la parroquia que se me hicieron muy buenas gentes. Eran muy alegres, gozaban de mucha aceptación y apoyo en la parroquia; eso me llamó la atención, yo quería ser como ellos, alegres, sociables; colaborar con la parroquia, estar en contacto con la gente, etc. Les comente a mis padres la inquietud que había nacido en mi corazón, quería ser seminarista, ojo, seminarista, no sacerdote; a lo que mis papás respondieron con una negativa. Yo creo que no se lo esperaban o simplemente no entendieron del todo lo que ni yo mismo entendía; me dijeron que NO, que esperara tres años más, que estudiara la secundaria y después hablábamos y así fue.
Paso el primer año de secundaria y mi entusiasmo por entrar al seminario crecía más cada día. En el segundo año conocí a mi primera novia... "la maría" eso suscitó que yo renunciara a la idea de ser seminarista por que entonces, no podía tener novia. Comencé a buscar un plan B, pensé en ser doctor, me encantaba la idea de ayudar a las personas. Para entonces ya era catequista, y aunque no lo crean ya llevaba uno o dos grupos que habían hecho la primera comunión. Aquello fue muy chistoso, el primer año tenía un niño que era un poco más chico que yo de edad, por que parecía de la mía o mayor y yo era su catequista (cuando otros padres venían a preguntar como iban sus niños se dirigían con el por que era más alto). Seguía en contacto con mis amigos del seminario y casi al final de mi secundaria hubo un preseminario de navidad al que asistí invitado una y otra vez por ellos; yo estaba enamorado de mi noviecita pero, fueron tan insistentes que termine yendo al preseminario, más para que dejaran de molestar que por deseo verdadero...