Por: Deysi Cheyne,
Directora Ejecutiva del Instituto de la Mujer IMU-
Las siguientes reflexiones las hago desde mi militancia feminista, desde mi trabajo al frente del IMU, desde junio de 1992, y desde mi condición de ciudadana salvadoreña, nacida en tiempos de dictadura, sobreviviente de una guerra civil, y ahora, soñadora empedernida de que un El Salvador diferente es posible.
Después de 12 años de guerra civil y antecedida por 60 años de dictadura militar, en 1992 se firmaron los acuerdos de paz que perfilaron un país democrático, con justicia social y en paz. Las más de 75 mil víctimas que la guerra dejó, inspiraban a seguir luchando por la construcción de un nuevo país en condiciones de más libertad política. La etapa de post guerra fue calificada de reconciliación y concertación y para avanzar en la reconstrucción se debía anteponer el diálogo y la negociación a la confrontación. Muchos sectores sociales y políticos cifraron sus esperanzas en las políticas públicas como el mecanismo idóneo para alcanzar las transformaciones que la guerra no consiguió. Mucho se teorizó en aquellos días respecto a como conceptualizar lo que queríamos: el tipo de Estado, el tipo de democracia, la transición, y con qué mecanismos y estrategias se avanzaba en la construcción de un país más equitativo, mas justo y más libre. En estos últimos 20 años, se echaron andar múltiples iniciativas que intentaron aportar a la construcción democrática del país y a una convivencia social más humana.
El movimiento de mujeres, configurado desde esa época como el conjunto de expresiones organizativas de mujeres que luchan por sus intereses prácticos y estratégicos, ha sido y sigue siendo uno de los sectores sociales más dinámicos que se estructuraron a partir del fin de la guerra.
Al hablar de políticas públicas, pensadas y propuestas desde las mujeres organizadas y articuladas en un amplio movimiento, hemos partido del entendimiento de que son los medios privilegiados para promover nuestros intereses y objetivos específicos y son opciones para la realización de nuestras necesidades y derechos. Como tales, las políticas públicas se convierten en instrumentos a través de los cuales las diferentes instancias de gobierno garantizan la satisfacción de las necesidades humanas básicas de su población y la mejora en sus condiciones de vida. Por lo tanto, se vuelven medios idóneos para la obtención y la administración de recursos, en razón de las prioridades definidas por el Estado, y pueden ser altamente valoradas para la superación de las condiciones de desigualdad de una sociedad, logrando mayores niveles de equidad y desarrollo.
Este entendimiento supuso, obviamente, la necesidad de contar con un Estado que se constituyera como el espacio político institucional para el procesamiento y transacción legítima de los intereses y conflictos entre actores y como la instancia para la construcción y realización de capacidades para movilizar recursos de poder, materiales y simbólicos, indispensables en una sociedad. Nuestra Constitución de la República señala al Estado como el sujeto organizador de la sociedad salvadoreña, regido por los principios de la justicia, la seguridad jurídica y el bien común, que reconoce a la persona humana como el origen y fin de su actividad.
Sin desconocer que el tipo de Estado con que cuentan nuestras sociedades es considerado como la síntesis del poder sobre, es decir el poder que se ejerce sobre otras personas o grupos para conminarles a hacer algo a través de normas sociales, coacción o violencia, temor, manipulación, etc., y que se expresa fundamentalmente en términos masculinos, patriarcales, altamente opresivos y excluyentes, las mujeres hemos reconocido que cambiar las actuales relaciones de poder entre los géneros, debe tener una expresión significativa en la estructura y el quehacer estatales. En este sentido, la perspectiva de género como estrategia implica asumir como condición indispensable e inevitable para superar las condiciones de desigualdad genérica, la promoción de cambios en las relaciones de poder vigentes, incluido el nivel macro, en lo institucional, jurídico, político, cultural y ético que rige las relaciones entre hombres y mujeres.
En estos 20 años de post guerra, el movimiento amplio de mujeres, y su vertiente, el movimiento feminista, apostó al ejercicio de una ciudadanía de nuevo signo, con alcances mayores y más acordes a las exigencias democráticas de participación, debate, concertación, contraloría y diálogo, entendiéndola como el nexo político y jurídico que las personas establecemos con el Estado en lo económico, lo social, lo territorial, lo cultural y en lo político, en razón de nuestros derechos, traducidos en demandas y reivindicaciones. Es, desde esta perspectiva, que el movimiento de mujeres salvadoreño ha aportado grandemente al fortalecimiento de una conciencia crítica de las mujeres, sensibilizando y concientizando sobre el derecho a tener derechos, a defenderlos y a exigir que se cumplan, identificando que es el Estado el responsable de su cumplimiento.
Con esta conciencia, el Estado se convirtió en un referente obligado y en un interlocutor clave para cualquier tipo de incidencia desde las mujeres. Nuestras propuestas se han orientado a la reforma y creación de nuevas leyes, promoción de nuevos valores, costumbres, cambio de roles entre los géneros, creación de instituciones que modifiquen el quehacer gubernamental a favor de los derechos de las mujeres, iniciativas que transformen las dinámicas partidarias para ampliar la participación política de las mujeres. En fin, las más diversas y creativas propuestas que han ido forjando capacidades para discernir mejor la realidad de opresión de las mujeres y la capacidad de resistencia al sistema patriarcal.
Cuales son los avances y las limitaciones que hemos experimentado a lo largo de estos 20 años?
En 1996 fue creado el ente rector de las políticas públicas para las mujeres, el ISDEMU, bajo la influencia de la 4ª. Conferencia Internacional de las mujeres, celebrada en Beijing, en 1995. El gobierno salvadoreño fue de los primeros en hacerse eco de la demanda mundial femenina de crear mecanismos estatales que, al reconocer el problema de la discriminación y subordinación de las mujeres, se ocuparan de la formulación, ejecución y evaluación de políticas públicas específicas que generaran condiciones favorables al desarrollo de las mujeres y su empoderamiento y, de esa manera, avanzar en la equidad de género.
En una iniciativa sin precedentes, el ISDEMU convocó a las numerosas organizaciones de mujeres a participar en la definición de la primera Política Nacional de la Mujer, reconociendo con ello las capacidades técnicas y políticas del movimiento de mujeres en aquel momento, y a participar en la conducción del mismo, mediante la participación directa en su junta directiva. Este ejercicio ciudadano de las mujeres fue favorecido por la voluntad política de una primera dama que, presidiendo el ISDEMU, ejerció su poder para propiciar una interlocución respetuosa y democrática con el movimiento de mujeres. De esta manera, se negociaron las primeras políticas públicas que pretendían crear las bases para una institucionalización de la perspectiva de género en el quehacer gubernamental.
Tal proceso no estuvo exento de críticas y temores de muchas feministas que veían en el gobierno una instancia de poder patriarcal que buscaba la cooptación y desmovilización del movimiento de mujeres. Sin embargo, pese a las desconfianzas e incertidumbres, durante varios años nos mantuvimos dando seguimiento, monitoreando y evaluando la efectividad de las políticas y el cumplimiento de los compromisos asumidos por el gobierno con las necesidades de las mujeres. Se llevaron a cabo evaluaciones de las políticas ejecutadas por los 3 gobiernos de ARENA. Las mismas arrojaron resultados desalentadores para las aspiraciones de las mujeres que hemos aportado y dado seguimiento a las políticas.
Luego, en el 2009, por primera vez la derecha es derrotada electoralmente y asume un gobierno que siendo del FMLN se tenía la esperanza de que hiciera la diferencia respecto a las políticas hacia las mujeres. A lo largo de casi 3 años del gobierno del Presidente Funes, el ente rector ha sido debilitado en su institucionalidad, opacado por un programa presidencial, Ciudad Mujer, que no puede sustituir el papel que solo le corresponde al ISDEMU, y aunque se haya creado mayor institucionalidad de género en algunas instancias gubernamentales, todavía no es sustantivo el impacto en las necesidades e intereses de las mujeres.
En estos años, el movimiento de mujeres, a través de sus organizaciones e instituciones, hemos formulado numerosas propuestas y recomendaciones hechas a la propia PNM, diversas iniciativas legislativas o dirigidas hacia otras instancias del Estado, han sido técnicamente bien fundamentadas y han contado con el apoyo de otros sectores que reconocen nuestras capacidades y nuestra voluntad para proponer cambios estructurales necesarios para mejorar la sociedad. En el ámbito legislativo fueron aprobadas dos importantes leyes: la de igualdad y la ley contra la violencia hacia las mujeres, lo cual, sin duda, crea un marco mucho más favorable para la defensa de los derechos femeninos.
Sin embargo, y esto es lo paradójico, en la medida que ha ido creciendo la conciencia de las mujeres de que somos ciudadanas con derecho a tener derechos, y que la organización y movilización femenina se ha extendido a lo largo y ancho del país, identificando al Estado como el ente responsable de garantizar estos derechos, este Estado, reconocido como el interlocutor de las mujeres para la demanda de sus necesidades e intereses, ha venido, por su parte, experimentando no sólo una reducción material y simbólica respecto a sus obligaciones con la ciudadanía, sino también, y esto es lo más grave, ha venido fortaleciendo su papel represivo y autoritario frente a estas demandas. La pobreza y la violencia se han instalado en la vida cotidiana como dos elementos que obstaculizan los procesos de empoderamiento femenino y el gobierno no ha logrado contar con una estrategia exitosa para su combate.
Resulta lógico que en la medida en que hemos aprendido a reconocer la discriminación y la opresión genérica de la que somos víctimas, sus causas y sus efectos, hemos ido también aprendiendo a identificar las formas y estrategias de cómo superarlas. Y, en ese reconocimiento, estamos claras de los desafíos que tenemos por delante: la pobreza y la violencia de género agravadas por el modelo capitalista neoliberal imperante, exigen una lucha permanente y organizada; la democracia electoral cimentada después de los acuerdos de paz resulta limitada para nuestras aspiraciones de participación en todas las decisiones del país y exige una demanda de participación más amplia y autónoma; la cultura machista y autoritaria imperante requiere de nuestra creatividad y tenacidad para enfrentarla aun desde nuestros espacios más íntimos; y la defensa de nuestro cuerpo y nuestra dignidad de mujeres resulta el mayor reto en estos tiempos de misoginia, feminicidios, homofobia y conservadurismo a ultranza.
Ciertamente, el Estado es solo uno de los diferentes espacios políticos posibles de ser transformados a favor de nuestros intereses, pero desde este espacio se instrumentalizan las relaciones de poder y se pueden construir horizontes de realización colectiva deseable y posible. Por supuesto que el gran reto radica en que ese espacio de poder que constituye el aparato de Estado debe estar en manos de mujeres y hombres, servidores públicos honrados y al servicio de las grandes mayorías, de las y los más excluidos y necesitados. Mientras el Estado salvadoreño siga sordo y ciego ante las demandas ciudadanas, y al servicio exclusivo del mercado, se vuelve inviable la incidencia ciudadana y la interlocución se imposibilita.
Hoy por hoy, en esta democracia así instalada, las elecciones como posibilidad de cambiar el tipo de gobierno y ocupar ese espacio para convertirlo en factor de poder para hacer las transformaciones que las mujeres necesitamos se perfila solo como un camino, pero no el único. De hecho, los avances en políticas públicas desde lo local, interlocutando con los concejos municipales e incidiendo para mover sus voluntades políticas ha resultado más cercano y más exitoso para las mujeres. Por ello, participar en política es estratégico para las mujeres, pero más estratégico es hacer política, desde nuestra autonomía, desde nuestra identidad feminista, y convencidas de la justeza de nuestra lucha. Cómo hacer política con creatividad y tenacidad es también un reto que requiere mucha sabiduría y audacia. Necesitamos fortalecer nuestras alianzas intra-genéricas e inter-genéricas, con aquellas mujeres y aquellos hombres con capacidad para soñar con un mundo mejor.
Las que hoy nos hemos creído que somos sujetas de derechos y luchamos por su vigencia y vivencia, estamos llamadas a seguir soñando despiertas, como peligrosas soñadoras que quieren hacer de sus sueños una realidad, y contagiar a otras y a otros para seguir buscando la utopía de mas justicia, mas libertad y mas dignidad.
San Salvador, 16 de enero del 2012
Por Dagoberto Gutiérrez
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En la guerra civil salvadoreña aparece el diálogo desde 1982, y el gobierno de Estados Unidos designa a Philip Habib, su negociador estrella de los Acuerdos de Camp David, que amarró a Egipto a la política israelita, como su representante en las conversaciones con la guerrilla. Posteriormente designa al señor Richard Stone. Este diálogo tenía como propósito lograr la rendición de la naciente guerrilla para que se pudiera negociar.
Conviene saber que toda negociación supone diálogo, pero no todo diálogo es negociación. Esta aparece cuando se adoptan acuerdos, para empezar, el de una agenda de negociación, y se entra al juego de los acuerdos y desacuerdos, y al avance del cumplimiento de esa agenda. A esto entramos solamente después de la ofensiva militar de 1989, cuando estaban dadas las condiciones nacionales y, sobre todo, internacionales.
Los acuerdos políticos de Chapultepec no fueron acuerdos de paz, sino una serie de puntos necesarios para terminar con la guerra y otros puntos para establecer aparatos políticos vinculados con el fin de la guerra. El nombre de acuerdos de paz apareció en determinado momento sin que esto exprese la esencia de los mismos, a menos que se entienda por paz la simple ausencia de guerra.
El fin de la guerra no supuso el fin del conflicto porque éste no fue negociado. Recordemos que lo que llamamos conflicto resulta ser parte de la realidad, aunque no siempre este se convierte en guerra, a menos que se acumulen y produzcan antagonismos insuperables. Estos acuerdos políticos produjeron el fin de la guerra pero no el abordaje del conflicto social, económico y político que generó precisamente la guerra.
Pero hay algo más grave, porque llegados a este punto, se decide renunciar a la post guerra y se produce un caso que no funciona así en la historia, y una guerra sangrienta e inclemente que ha durado 20 años, pasa de inmediato a algo que se llamó paz, sin construir nada que pudiera restañar, restaurar, reparar, reconstruir, todo el tejido social, humano, psicológico, mental y material de los seres humanos involucrados directa o indirectamente. La paz, entonces, aparece como un listón de papel de china que pasa a funcionar como un adormecimiento de la combatividad del pueblo y aparece como una especie de conquista de la guerra, que era necesario cuidar y preservar, no protestando, no reclamando, porque, en caso contrario, podía regresar la guerra. Este diseño tenía un claro contenido electoral para los partidos de derecha y para el nuevo partido FMLN, que había sucedido al FMLN guerrillero, que había muerto incluso antes de que se firmaran los acuerdos.
La sola palabra guerra desaparece del lenguaje político y la palabra paz pasa a ser la red más conveniente para la captura de votos. En realidad se están sentando las bases para que la guerra civil, que terminó como negociación, se convirtiera durante 20 años en la actual guerra social que estremece a la sociedad.
El factor internacional resultó ser el decisivo para la negociación porque fue la decisión de Washington, luego del derrumbe de la Unión Soviética y la brillante ofensiva militar del FMLN en noviembre de 1989, el factor que determina el viraje, y es necesario destacar que ni la Fuerza Armada, ni las oligarquías, entendían y mucho menos respaldaban una política de negociación. Fue la Casa Blanca la que determinó abrir las mesas, en contra de la voluntad de estos sectores.
Internamente, una vez terminada la guerra, El Salvador se convierte en un laboratorio neoliberal, el más completo, total y abarcante. Por eso, durante 20 años se desmantela el Estado, se impone el reinado del mercado, se convierte al ser humano en consumidor, se aniquila la agricultura, se renuncia a la soberanía alimentaria, se convierte a la naturaleza en simple mercancía, se abre y se entrega la economía a las empresas transnacionales, se convierte la emigración en política de Estado y sostén de la economía, y así, 20 años después de los acuerdos, El Salvador se encuentra en el momento mas oscuro de su historia, siendo el país más vulnerable del mundo, el más atrasado y débil de Centroamérica, el más pobre y empobrecido, y con una democracia que solo comprende a las elecciones, pero no a la economía, ni a la política, ni a la vida de las personas. Puestas las cosas así, se puede afirmar que la situación actual resulta ser una consecuencia inevitable de toda aquella política que se diseño al fin de la guerra.
La guerra, sin embargo, produjo 2 consecuencias políticas de importancia histórica que no aparecen en los acuerdos ni podían aparecer en los acuerdos, y estos son: el fin de la dictadura militar de derecha, montada desde 1932, y el fin del papel de la Fuerza Armada como clase gobernante. Estos dos aspectos, son los de mayor profundidad e impacto en el régimen político, pero que sin embargo, no logran conmover el autoritarismo del poder político, ni la forma de hacer política de los sectores dominantes, que siguen, hasta el día de hoy, siendo autoritarios, aunque perdiendo el control de la economía del país que aparece en manos de empresas transnacionales extranjeras.
San Salvador, 16 de enero del 2012.
CENTRO ESCOLAR DISTRITO ITALIA
CENTRO ESCOLAR COLONIA LOS NARANJOS
COMPLEJO EDUCATIVO DELFINA DE DÍAZ
La Red Interinstitucional es un espacio que existe desde el 2006, donde se reúnen y se hacen esfuerzos conjuntos para que todas las instituciones del Estado respondan eficientemente en la labor de prevención de violencia juvenil y de género. Además de otros actores y actoras locales que son ONG y demás entidades que están dentro de la zona norte de San Salvador que cubre desde Apopa hasta el Paisnal.
La Red esta conformada por Unidades de Salud de Apopa hasta el Paisnal, PNC de Guazapa, Apopa y Distrito Italia, Procuraduría Auxiliar de la República, la PDDH, las Unidades de Género de las Alcaldías, Concejalas de las Alcaldías, Red Juvenil de Guazapa, las 5 Asociaciones de Mujeres de la Zona Norte que agrupa IMU, representadas por sus defensoras populares. Tutela Legal y el ISDEMU que recientemente se ha incorporado a través de sus ventanillas móviles de la zona norte de San Salvador.
La red interinstitucional de prevención de la violencia, trabaja a tres niveles.
El primero capacitaciones internas desde las mismas instituciones que la conforman hacia los y las miembros de la misma, la cuales consisten en temas de interés, como las leyes que protegen a las poblaciones que se atienden, auto cuido y otras temáticas que la misma red planifica
El segundo desde la red hacia las poblaciones que se intervienen o grupos meta con charlas, capacitaciones, o jornadas de información sobre leyes que les confieren a los grupos meta de mujeres o jóvenes, información sobre los planes de atención institucionales.
El tercero que es la promoción de la red en espacios públicos como foros, festivales municipales, festivales públicos, todos organizados desde IMU como coordinador de la Red , por medio de los proyectos que se ejecutan desde los programas que en esta organización se impulsan, y ejecutan en la zona norte de San Salvador.
En el trabajo de la Red para el año 2011 se dieron una serie de capacitaciones, y acciones encaminadas al conocimiento y divulgación del nuevo marco legal en materia de genero, el cual entro en vigencia en Enero del presente año, en este marco legal se tiene como objetivo la coordinación de la interinstitucionaldad municipal que será el mecanismo por el cual podrán activarse los protocolos de atención a las victimas de la violencia de genero, estas nuevas disposiciones son las que regirán la labor de la red para este año teniendo como IMU en su calidad de coordinación el objetivo de dejar establecidas e institucionalizadas las redes interinstitucionales municipales, la cuales también fueron conformadas el año anterior de cara a este cambio.
Para la campaña de este año de IMU, la red tendrá un papel fundamental de respaldo a todo lo que en materia de juventud se realice, tanto a nivel de conocimiento y divulgación de la normativa de juventud, así como de la política juvenil que el proyecto de prevención de violencia y desarrollo integral esta trabajando por hacer posible en coordinación con otras instituciones que trabajan con la juventud en la zona norte de san salvador.
por:
Jessica Nereida Hernández
Colaboradora Comunicaciones IMU
María José Martínez
Coordinadora Red Interinstitucional
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HISTORIA DE VIDA
DE FLOR (Nombre ficticio)
Elaborado por: Yesenia Segovia. Psicóloga. Coordinadora de unidad de derechos sexuales y derechos reproductivos. Enero de 2012.
Antecedentes
Flor, es una joven de 27 años de edad. Procede de la zona occidental del país. Fue una de las integrantes del grupo de apoyo de personas víctimas de violencia sexual, conformado por el IMU, en el marco del proyecto: Modelo de atención a mujeres jóvenes o adultas, víctimas de violencia sexual en El Salvador, financiado por la agencia sueca Individuell Människohjaälp.
Este grupo se creó en junio de 2010 y funcionó hasta julio de 2011, con resultados positivos según expresiones de las mismas usuarias. El caso de Flor, es uno de los más significativos. Antes de su incorporación al grupo, enfrentaba un encierro emocional, estado depresivo crónico, conductas autodestructivas vinculadas con el consumo de anfetaminas, dependencia económica y psicológica de su abusador, entre otras manifestaciones del trauma vivido, por su historia de incesto desde los 7 años de edad.
Intervención llevada a cabo
Con el grupo de apoyo, se implementó un proceso de 17 sesiones de psicoterapia especializada en atención a la violencia sexual y 6 sesiones de seguimiento. Paralelamente, se conformó una red de apoyo integrada por las personas más cercanas y de confianza de las víctimas, que cumplía el rol de soporte emocional para el grupo. En una de las sesiones, realizada en septiembre 2010, Flor expresaba: fui abusada por mi papá, esto pasó cuando tenía 7 años. Yo nunca hablé sobre esto con nadie. Mi papá cree que yo no me acuerdo, pero yo si lo hago y siento rechazo hacia él por lo que me hizo. Lo que me pasó se supo a los 17 años porque yo convulsioné y tuve que decírselo a mi mamá. Hasta ahora no he podido superarlo, siento como si ocurrió hace poco. Tengo muchos recuerdos, sueños feos, pesadillas, no puedo dormir, me he deprimido mucho, tomo medicamentos para poder dormir, he perdido el apetito, hubo un tiempo que me puse muy delgada y bajé de peso notablemente; además soy muy cambiante de humor en un momento puedo estar contenta y rápido me siento triste. He sentido ganas de suicidarme en muchas ocasiones.
Cambio obtenido con la intervención.
Al finalizar el proceso de intervención psicosocial, Flor, habló sobre cómo fue su incorporación, su vivencia y los cambios que obtuvo como resultado de su participación en el grupo de apoyo: En el grupo de apoyo me sentí bien. Bueno al principio no mucho, porque no conocía a nadie. Pero después me fui sintiendo bien. Me sentí muy escuchada, respetada y comprendida
Comenta de los avances que fue experimentando durante el proceso y que la impulsaban a seguir adelante: Fui notando muchos avances. Empecé a sentirme mejor con las técnicas que se empleaban. Una de las cosas que más me ayudó fue el cuaderno que se nos entregó para que escribiéramos. Escribir me ayudó mucho.
Flor, notó cambios en su vida como resultado del proceso, entre ellos, retomar actividades laborales, el mejoramiento de sus relaciones interpersonales. Asimismo, afirma que ahora es capaz de apoyar a otras personas que han sido víctimas de violencia sexual.
Uno de los cambios más importantes lo describe así: Ya veo la vida de otra manera, estoy feliz, me siento feliz, valoro más la vida. Incluso a veces, hay días en los que me siento triste, pero reflexiono que solo es ese día y que al siguiente estaré mejor. Antes no era así, me quedaba encerrada, dejaba que la tristeza me dominara. Otra cosa es que ya puedo dormir bien. Ya dejé de tomar pastillas, antes las tomaba todas las noches porque si no, no podía dormir, en cambio ahora ya no tomo y duermo muy bien. Ese para mí es un gran avance.
Se observa la diferencia entre el antes (al inicio de la participación de Flor en el grupo de apoyo) y los resultados obtenidos meses después de concluido el proceso grupal. Los cambios alcanzados son importantes y de gran trascendencia para la persona sobreviviente de violencia sexual. Esto confirma la necesidad de promover y facilitar procesos de psicosociales especializados y sensibles al género, para el abordaje de esta problemática tan frecuente e invisibilizada en el país.
Hacia una Soberanía y seguridad alimentaria nutricional con enfoque de género
Propuesta formulada por la Red de Mujeres Protagonistas de Cambios
Octubre 2011
CREDITOS
Directora Ejecutiva
Deysi Cheyne
Equipo Tecnico
Fátima Guzmán
Cleo Guevara
Unidad de Comunicaciones:
Diseño e imagen
Lissette Guevara
Fotografía y recolección de información
Rosalía Chávez
Jessica Hernández
Unidad de Prevención de la Violencia
Patricia Olivales
Isabel Ascencio
Unidad de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos
Yesenia Segovia
Jenny Dominguez
Roxana Orellana
Unidad de Economia Solidaria
Carmen Portillo
Unidad de Proyectos
Sonia Larín
Unidad de Administración y Finanzas
Estela Narváez
Delmy Crespin
Arturo Peñate
Herminia Calles
Guadalupe Piche
Instituto de Investigación, Capacitación y Desarrollo de la Mujer
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