Estampas
del Camino
Gentes que hace apenas unos minutos que conoces, con quienes compartirás apenas una hora, una jornada o el resto del viaje. Personas de lugares dispares, edades diferentes y formas de vida totalmente opuestas convergen en un lugar y se convierten en camaradas como si amigos de la infancia se tratase. Es gente que posiblemente no vuelvas a ver, pero que tardarás en encerrar en el cajón del olvido, porque han compartido un proyecto contigo. Todos habéis estado unidos por una empresa común: llegar a Santiago.
Un camino en el que, aunque comiences solo, nunca
¿No parece la descripción de una sociedad un poco mejor que la que encontramos en el día a día? Recuerdo las palabras de Cris, un chico alemán, al que le sorprendía lo amable que era la gente en España: Todo el mundo te habla y te ayuda. Lamentablemente, tuvimos que ejercer de padres que abren los ojos al ingenuo hijo aclarándole que esas personas abundan por estar en el Camino de Santiago, que en el resto de España haberlas haylas pero no son tan abundantes
Pensemos en el día a día. Ponernos en camino una jornada más, con dolores, heridas, ampollas e hinchazones. Con un gorila encaramado a la espalda en forma de enorme mochila. Levantándonos antes de las 7 de la mañana sin pereza ninguna para otra jornada de placer y sufrimiento. Y todo ello, sin tener obligación ninguna de hacerlo. Arrancar cada día bajo lluvia, nieve, granizo, frío, calor, niebla sin que encuentres ninguna excusa para no hacerlo. Vienes preparado y mentalizado para no detenerte, y así lo asumes. Algo que durante unos días hacemos con placer nos parecería una tortura en nuestro devenir cotidiano.
El Camino no termina cuando llegas a Santiago. El Camino de verdad comienza en Santiago. Es a partir del día siguiente cuando debes aplicar todas las reflexiones y experiencias en el día a día. Debes intentar que tu actitud y forma de ser para con el mundo en general sea la misma que en el camino. La motivación es la clave de tu camino hacia Santiago y, de esa experiencia, debes sacar motivación para todos los días de tu vida.
Si conseguimos asimilar esta enseñanza, sencillamente, viviríamos en una sociedad mucho más agradable.
Todas las piedras señalan hacia Santiago
Camino de Santiago. León-Santiago de Compostela. Primeros de abril de 2010.
Llegando a Santiago, la primera mariposa de la temporada se cruza ante nosotros recordándonos que ya estamos en primavera. Amarilla, por supuesto.
Un trayecto que discurre entre León y Galicia. Territorios separados por una línea imaginaria a la altura de un mojón. A ambos lados del mismo no cambia nada. El paisaje es idéntico, las vacas siguen presentes en todas las estampas y el gallego hace tiempo ya que lo estás escuchando en boca de los lugareños. Es con el paso de las jornadas cuando vas viendo la evolución, como los tejados de pizarra van dando paso a las tejas, los muros de piedra tosca se transforman en paredes labradas en piedra de Orense, las pendientes del terreno se van suavizando y los robles dejan paso a los eucaliptos.
El Camino de Santiago sorprende, es distinto, no es un camino cualquiera. Sin darte cuenta, en el transcurrir de las jornadas estás viviendo algo diferente. Únicamente cuando te detienes a analizar la situación, te das cuenta de que el camino es como un ideal de cómo debería ser nuestra vida diaria. Un lugar donde el saludo es obligatorio, y el intercambio de alguna palabra prácticamente inevitable, con todas las personas que encuentras a tu paso. Un lugar donde las gentes están predispuestas a ofrecerte su cooperación, donde la palabra gratis existe, y donde nunca faltará esa fórmula cómplice de ánimo entre vecinos y peregrinos que se repite continuamente: Buen Camino.
te encontrarás en soledad. Un lugar donde no se pregunta a dónde vas, sino de dónde vienes. Un lugar donde tus compañeros de viaje te prestan su apoyo y ayuda y comparten contigo lo suyo. Donde el veterano (entendiéndose por tal aquel que viene desde el lejano Roncesvalles o aquel que, simplemente, comenzó una jornada antes el camino) ofrece su ayuda al novato sin que este tenga que pedirla.
Un camino. 300 kilómetros y más de medio millón de pasos dados en interminables jornadas repletas de emociones, sentimientos, pensamientos, paisajes idílicos… Un camino que comienza por un paso, un simple paso, el primero de muchos sobre barro, asfalto, adoquines, baldosas, tierra, agua, piedras, hierba, nieve…
No voy a hablar de paisajes, de consejos para el peregrino, de etapas, amistades hechas o méritos propios o ajenos. Voy a hablar de sensaciones y reflexiones provocadas por el camino. De la huella que te puede dejar un simple “paseo” de 300 kilómetros, en el que lo esencial no es el destino, sino el trayecto.
Un trayecto milenario recorrido por millones de personas desde hace cientos de años. Por los mismos lugares y sendas ajenas al paso del tiempo. Carteles, baldosines en fachadas, mojones, letreros, pintadas, un montón de piedras o una sencilla flecha marcada en una piedra te indican la dirección a seguir. Miles de indicaciones con el denominador común del color amarillo. Miles de personas caminando por caminos perdidos en medio de la naturaleza con la única guía de unas piedras o unos palos pulcramente respetados a lo largo de cientos de años. Indicaciones sencillas, discretas, que pasarían desapercibidas a cualquiera que no las estuviese buscando. Con el paso de los días se va perfeccionando la habilidad de encontrarlas sin buscarlas. Paso a paso, día a día, siguiendo flechas y conchas, con la certeza ciega de que todas ellas te guían al mismo lugar… a Santiago.
Un viaje por paisajes preciosos en una época idónea. Las primeras flores salpican de color un paisaje eminentemente verde, desafiando a las últimas nieves que todavía mantienen su presencia. Los pájaros amenizan los amaneceres gélidos y mantienen su cántico a lo largo de la jornada hasta la tarde soleada y calurosa. El reproductor de música viaja olvidado en el fondo de la mochila. La banda sonora de trinos es acompañada casi permanentemente por el rumor del agua. No hay jornada donde no disfrutes en buena parte de ella, de la compañía de un arroyo, un río, o la dulce cantinela de una cascada. El agua es protagonista omnipresente en el camino junto con las extensas y frondosas praderas de alta hierba y los pequeños bosques.
Food
Nature
People
Fashion
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Rut
Mi hermanita. La que comenzó conmigo esta aventura y que no pudo culminar a pesar de echar todo lo que tenia dentro. Aunque estuvo presente cada día hasta Santiago...
Dani, Jose y Jessy
El poder valenciano que aparecía de la nada para animarnos cada etapa cuando más lo necesitábamos. Con sus fuerzas sacadas de extraños brevajes...
Javi, Alex y Josico
Los benaventanos a los que les debemos todo. Fueron el origen del grupo y de las etapas y los que pusieron a prueba nuestra resistencia física.
Josefina y Carol
Las madrileñas de adopción que aparecieron en la última etapa para hacernos reflexionar sobre si estabamos aprovechando el camino.
Damián
El pintoresco colombiano que siempre tenía unas palabritas amables para todo el mundo y que nos amenizó con su buen humor, sus canciones y sus fotografías.
Iván
El artista canadiense que me ayudó a analizar otra visión diferente de España y de León.
Alfonso
El cántabro adorador de la fiesta que, aunque nos dió unas noches "inolvidables", nos compensó durante el día con un agudo ingenio.
Ibon
El vasco que compartió con mi hermana y conmigo la etapa más dura, en medio de la nada bajo el diluvio universal.
Y un recuerdo para David que empezó muy fuerte pero no pudo con Goliath... Y para Cris y Xantal que activaron nuestro inglés y compartieron nuestra llegada al Obradoiro.