Reflexiones de los
Hermanos
Escuché el testimonio de un pastor que fue a Nepal y fue apresado en ese lugar. Él cuenta que cuando estaba en prisión lo golpeaban, y por cada golpe que recibía les decía: “Por cada golpe que me dan crece más el cristianismo en este país.” Recordé también la información que nos dio nuestro pastor de cómo estaba creciendo el cristianismo en China, Africa, etc. En todos esos lugares es impresionante la pasión con la que defienden al cristianismo los pastores, misioneros, evangelistas y nuevos creyentes, incluso, no les importa morir por causa de Cristo. En Nepal si encuentran a alguien bautizándose le dan tres años de prisión y al que bautiza, siete años.
Y nosotros, los que vivimos en este país, que sólo buscamos comodidades y vanidad, tratando de comprar la casa más grande, el mejor carro y la ropa que está de moda... Al oír este testimonio me sentí avergonzada, porque vivimos en un lugar privilegiado en el que no nos falta nada y en el que no se nos persigue, y aún así nos quejamos de cosas insignificantes.
¿Qué pensará Dios de nuestro cristianismo, comparado con el de todos ellos? ¿Qué atesoramos más, nuestra salvación o nuestras posesiones?
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”
Mateo 6:19-21
Laura Domínguez
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Reflexion a:
Dichosos los de corazón hambriento, fue lo que escuchamos; “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados…” (Mateo 5:6) Concluimos que en realidad nunca hemos experimentado esa hambre que conduce a la muerte, la cual produce calambres en el estómago, desesperación por un pan o esa sed que deshidrata nuestro cuerpo totalmente, que reseca a tal extremo los labios que se pegan con el paladar… no, no sabemos lo que es eso por experiencia propia… quizá esa sea la razón por la que no entendemos en su totalidad éste pasaje. Espiritualmente nuestras vidas se sienten cómodas y satisfechas con lo “poco” que buscamos del Señor, no hemos llegado a ese extremo de desear “llenarnos de la presencia del Señor”… De alguna manera hemos perdido la pasión por El.
¿Estamos “satisfechos” con lo que somos? ¿Nos hemos hecho “adictos a la mediocridad”? Es hora de auto-examinarnos y, siendo sinceros con nosotros mismos, quizá aceptar que hemos perdido nuestro PRIMER AMOR.
Invertimos todos nuestros esfuerzos en alcanzar la excelencia en este mundo (secularizado y competitivo) que cada vez exige más, y en esa búsqueda olvidamos lo más importante, que es llenarnos de Su Presencia. Se nos olvida que las cosas materiales no llenan el vacío que solo Dios puede llenar, sin embargo, cuánto tiempo de nuestras vidas lo dedicamos a conseguirlas, descuidando nuestra relación personal con Él.
La solución a esta problemática actual, y tan común hoy en día en la vida de los cristianos, es que nos volvamos a nuestro “Primer Amor”, que nos apasionemos por el Señor de nuevo y que tomemos ventaja de tantas promesas y bienaventuranzas que nos ha prometido.
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