Como definición básica de nuestra posición doctrinal, señalamos:
•Hay un único, eterno y verdadero Dios; Uno en esencia y Trino en personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; creador y sustentador de los seres y las cosas visibles e invisibles (Deuteronomio 6:4; 2 Corintios 13:14).
•El Señor Jesucristo es el único Salvador y mediador entre Dios y los hombres. Confesamos su Deidad; su verdadera y propia humanidad; su nacimiento virginal; su vida inmaculada; la redención de nuestros pecados por su sangre en su muerte expiatoria y vicaria; su resurrección corporal; su ascensión a la gloria; su ministerio intercesor actual en el Cielo, a favor de los redimidos; y su prometido regreso corporal (Romanos 3:24,25; 1 Pedro 2:24; Efesios 1:7; 1 Pedro 1:3-5). Creemos que el Señor Jesucristo ascendió al cielo y está ahora exaltado a la diestra del Padre, donde, como nuestro Gran Sumo Sacerdote, cumple el ministerio de Representante, Intercesor y Abogado (Hechos 1:9,10; Hebreos 9:24; 7:25; Romanos 8:34; 1 Juan 2:1-2).
•Confesamos la Deidad del Espíritu Santo, y lo reconocemos como el único vicario actual del Señor Jesucristo sobre la Tierra. Él forma la Iglesia de Cristo: dando convicción de pecado e iluminando al pecador; guiando al arrepentimiento, y a la verdad que es en Cristo Jesús; dando al pecador arrepentido y deseoso de salvación, el don precioso de la fe, escuchando la Palabra del Evangelio; engendra y regenera al creyente, haciéndolo hijo de Dios y bautizándolo en el Cuerpo de Cristo; santifica y transforma al renacido a la imagen de Cristo, produciendo el “fruto del Espíritu” y repartiendo dones espirituales a cada renacido como él quiere. Él enseña al creyente a orar según la voluntad de Dios y lo guía a toda verdad. Y en el día de la resurrección, será el agente que vivificará los cuerpos de los creyentes a semejanza del cuerpo de Cristo, juntamente con el Señor (Juan 16:8-11; 2 Corintios 3:6; 1 Corintios 12:12-14; Romanos 8:9; Efesios 1:13-14; Juan 16:13; 1 Juan 2:20,27; Efesios 5:18).
•La Biblia es la Palabra de Dios, inerrable e infalible, revelada por el Espíritu Santo a los santos profetas, evangelistas y apóstoles que escribieron los sesenta y seis libros canónicos que la integran bajo su inspiración, y a los que protegió de todo error o contradicción en su labor. Por eso las Sagradas Escrituras son la única autoridad y regla de fe, doctrinas, prácticas, forma de gobierno eclesiástico y disciplina, para los cristianos y para las iglesias Cristianas Bíblicas.
•Creemos que Satanás es una persona, el autor del pecado y la causa de la caída; que él es el enemigo abierto y declarado de Dios y del hombre; y que será castigado eternamente en el lago de fuego (Job 1:6-7; Isaías 14:12-17; 2 Corintios 4:3-4; 1 Pedro 5:8; Mateo 4:2-11; 25:41; Apocalipsis 20:10).
•El hombre fue creado directamente por Dios del polvo de la tierra en el sexto día de la Creación. Creado sin pecado, el hombre fue tentado por Satanás en el huerto del Edén, cayó de su justicia y quedó en una condición de pecado. Esa imagen moral y espiritualmente caída ha sido heredada por todo el linaje humano, que se encuentra en una condición de total depravación. El hombre, muerto en sus delitos y pecados, y sin poder alcanzar la gloria de Dios, es del todo incapaz de salvarse por el mismo (Génesis 1:26-27; Romanos 3:22-23; Efesios 2:1-3,12).
•La Salvación es únicamente por la gracia de Dios, no por las obras humanas. La salvación de los hombres es un regalo de Dios. La obra redentora la llevó a cabo el Señor Jesucristo muriendo vicariamente sobre la Cruz del Calvario para expiar nuestros pecados y llevarnos a Dios. La salvación se recibe por la fe, que incluye arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo, y eso llega a ser una realidad por la gracia de Dios hacia el pecador. La salvación se consolida en la experiencia personal del nuevo nacimiento que Dios produce en el corazón de todo aquel que recibe a Cristo Jesús, que es hecho hijo de Dios. La obra de la salvación incluye la justificación, la reconciliación, la regeneración, la adopción y la santificación (Efesios 2:8-10; Juan 1:12; Efesios 1:7; 1 Pedro 1:18-19).
•Las buenas obras son el fruto visible de la fe, de la salvación recibida y experimentada por la regeneración espiritual, y constituyen la evidencia de la bendita experiencia de la santificación. Son posteriores a la experiencia de la conversión, y han estado preparadas con el propósito de que los hijos de Dios caminen en ellas.
•Los salvados, que disfrutan de seguridad de su salvación, felicidad y bendición eternas, son preservados por el poder del Señor; (Juan 6:37-40; 10:27-30; Romanos 8:1,38,39; 1 Corintios 1:4-8; 1 Pedro 1:5). Y los pecadores que rechacen voluntariamente la gracia y el amor de Dios y la salvación que está en Cristo, tendrán una condenación y un castigo eternos. Creemos que es el privilegio de los creyentes regocijarse en la certeza de su salvación por el testimonio de la Palabra de Dios; la cual, sin embargo, prohíbe claramente usar la libertad cristiana como ocasión para la carne (Romanos 13:13-14; Gálatas 5:13; Tito 2:11-15). Creemos que toda persona salva posee dos naturalezas, habiéndose hecho provisión para que la nueva naturaleza tenga victoria sobre la vieja naturaleza por el poder del Espíritu Santo que mora en el creyente; y que toda afirmación en cuanto a la erradicación de la vieja naturaleza en esta vida, debe ser rechazada, por no ser conforme a las Escrituras (Romanos 6:13; 8:12-13; Gálatas 5:16-25; Efesios 4:22-24; Colosenses 3:10; 1 Pedro 1:14-16; 1 Juan 3:5-9).
•La segunda venida corporal del Señor Jesucristo será en los aires para recoger a su Iglesia antes de la tribulación, resucitando a los muertos y transformando juntamente a los que vivan, para establecer su tribunal recompensador y celebrar las bodas del Cordero; vendrá visiblemente a la Tierra con sus santos para juzgar a las naciones y establecer su reino Milenial, al que seguirán la resurrección final, el juicio de los incrédulos delante del gran Trono Blanco, los Cielos nuevos y Tierra nueva, y el estado eterno. Creemos en esa “esperanza bienaventurada”, la personal, inminente, premilenial y pretribulacional venida del Señor Jesucristo por sus redimidos; y Su posterior regreso a la tierra con Sus santos, para establecer Su reino milenial (1 Tesalonicenses 4:13-18; Zacarías 14:4-11; Apocalipsis 19:11-16; 20:1-6; 1 Tesalonicenses 1:10; 5:9; Apocalipsis 3:10; Tito 2:13; 1 Corintios 15:51-52; Juan 14:1-3).
•Respecto al estado eterno creemos en la resurrección del cuerpo de todos los hombres, los salvos para vida eterna y los inconversos para juicio y castigo eterno (Mateo 25:46; Juan 5:28-29; 11:25-26; Apocalipsis 20:5,6,12,13). Creemos que las almas de los redimidos están, a la muerte, ausentes del cuerpo y presentes con el Señor, donde en consciente bienaventuranza esperan la primera resurrección, cuando espíritu, alma y cuerpo serán reunidos, para ser glorificados para siempre con el Señor (Lucas 23:43; Apocalipsis 20:4-6; 2 Corintios 5:8; Filipenses 1:23; 3:21; 1 Tesalonicenses 4:16-17). Creemos que las almas de los incrédulos permanecen, después de la muerte, en consciente miseria hasta la segunda resurrección, cuando con alma y cuerpo reunidos aparezcan ante el Juicio del Gran Trono Blanco, y sean lanzados al Lago de Fuego, no para ser aniquilados, sino para sufrir un consciente y eterno castigo (Lucas 16:19-26; Mateo 25:41-46; 2 Tesalonicenses 1:7-9, Judas 6-7; Marcos 9:43-48, Apocalipsis 20:11-15).
•La Iglesia es el cuerpo de Cristo, que es su fundamento, cabeza, Señor, único sumo sacerdote y esposo. Es una casa espiritual, no denominacionalista ni sectaria, tanto si es considerada como la Iglesia Universal o bien cada iglesia local, plenamente autónoma de las otras. Es columna y apoyo de la Verdad. Creemos que el establecimiento y la permanencia de iglesias locales se enseña y define claramente en las Escrituras del Nuevo Testamento (Hechos 13:27, 20:17,28-32; 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-11). Sus principales propósitos son predicar, defender y confirmar el Evangelio. Su forma de gobierno es Teocrática-Bíblica-Congregacional. Sus representantes son los pastores, ancianos u obispos, y los diáconos. Sus ordenanzas son el bautismo por inmersión de los creyentes, y el memorial de la Cena del Señor, con pan y vino, en el que participan todos los miembros bautizados de la iglesia en plena comunión (Efesios 1:22-23; 5:25,27; 1 Corintios 12:12-14; 2 Corintios 11:2). Aunque reconocemos que el bautismo en agua no tiene valor alguno para salvar, es nuestra convicción que después de ser salvo, el bautismo es el próximo paso del creyente, para dar testimonio ante el mundo de su identificación con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. Estamos convencidos que el método bíblico del bautismo es por inmersión. Creemos que Jesucristo instituyó la Cena del Señor para conmemorar Su muerte hasta que ÉL venga. Creemos además que el bautismo en agua se observa sólo una vez y es una señal de identificación y testimonio de la novedad de vida, pero la Cena del Señor es conmemorativa y ha de observarse a menudo en memoria del cuerpo inmolado y de la sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo. La Cena del Señor debe estar abierta para todos los creyentes nacidos de nuevo (Romanos 6:4; Colosenses 2:9-13; Mateo 28:19; 1 Corintios 11: 23-33).
•Todo renacido ha de practicar la separación del pecado y de la mundanalidad, para dedicarse a agradar y servir a Dios. Es necesario separarse personalmente y eclesiásticamente de toda apostasía y/o asociación con aquellos que han negado la fe, así como de toda asociación con aquellos que transigen o cooperan con los apóstatas, ecuménicos o los llamados "carismáticos". Creemos que todos los salvos deben vivir de una manera tal, que no traigan reproche sobre su Salvador y Señor; y que Dios requiere separación de toda apostasía religiosa. Creemos que debemos practicar una actitud de devoción a Dios, de humildad, y de compasión, pero a la vez con convicción firme, con el fin de crear la condición y el ambiente correctos para poder alcanzar el objetivo deseado, es decir, la salvación de las almas perdidas por medio del Evangelio de Dios (2 Timoteo 3:1-5; Romanos 12:1-2; 14:13; 1 Juan 2:15-17; 2 Juan 9-11; 2 Corintios 6:14-7:1).
•Entre los renacidos existe unidad espiritual substancial y una vocación a la unidad de la fe en doctrina y prácticas, para manifestar la plena comunión fraternal. Como se puede deducir por la anterior declaración, no creemos bíblico la pretendida permanencia ni restauración de los dones de sanidad, lenguas, profecía (como revelación, si como palabra de edificación, consolación y exhortación) o apostolado. Nos desmarcamos totalmente de los movimientos neopentecostal y neocarismáticos en sus diferentes variaciones, así como del Ecumenismo, la Nueva Era, el Neo-Evangelismo, el Liberalismo y el Modernismo. Mateo 10:34-39; 18:15; Romanos 16:17; 1 Corintios 5:7-13; 2 Corintios 6:14; 11:4; Gálatas 1:8,9; 1 Timoteo 6:3-6; 2ª Timoteo 2:16-18; Tito 3:10; 2 Juan 9-11.