A cada niño se le realiza una evaluación fisioterapéutica y/o psicomotriz para conocer sus capacidades y dificultades y realizar un plan terapéutico individual. Después de un informe médico, las sesiones pueden comenzar.
Durante el trabajo sobre el caballo se da mucha importancia a la seguridad, por eso, una persona está a la cabeza del caballo para dirigirlo, y una persona a cada lado del niño. Cuando no hayan suficientes personas, pedimos el apoyo a los padres. Esta es la manera de implicarlos en las sesiones y es beneficioso tanto para ellos como para el niño.
Con cada niño, la sesión dura 45 minutos. Empieza con la limpieza del caballo, momento muy importante para los niños porque es un primer contacto con el animal que les puede causar miedo.
Saludarlo, acariciarlo, peinarlo, cuidarlo, permite un acercamiento mutuo importante. Por otra parte, a nivel motor, el niño debe hacer algunos círculos con la rasqueta y peinar en el sentido del pelo con la escobilla, dos movimientos que resultan importantes según la discapacidad.
Después de la limpieza, el niño monta. Generalmente se empieza dando una vuelta al paso, con el objeto de que el niño se acostumbre. Después, empiezan los ejercicios, según el plan terapéutico del niño. Cuando es necesario, una persona sube con el niño, por ejemplo cuando queremos trabajar los miembros inferiores poniendo al niño de pie, la persona de atrás da más estabilidad al niño. También puede ser indispensable cuando el niño está muy asustado al inicio de las sesiones. Saber que un adulto esta detrás de él le da más confianza. Con los niños de menos edad o con mucha discapacidad, es interesante también subir con ellos. Así, se pueden ejecutar diferentes tipos de ejercicios a veces difíciles de realizar en el suelo.
Al final de la sesión, el niño agradece al caballo otorgándole cariño y una golosina como una zanahoria.
Estas sesiones son muy útiles para estos niños y jóvenes a diferentes niveles.
Primeramente, el caballo se revela como un excelente mediador permitiendo muy buenas mejoras en diferentes dominios psicomotores como el equilibrio, la praxia, la coordinación, la disociación, el ritmo, el espacio, el tono y la respiración. Al contacto con el caballo, el joven empieza a interactuar con el caballo, esto tendrá como consecuencia positiva un desarrollo de la relación con el otro, la socialización, la atención y la concentración ligadas a la comunicación corporal que se pone entre el joven y el caballo.
Por otra parte, dos nociones fundamentales son abordadas: la valorización de sí mismo y el control de sí mismo.
Estas dos nociones son importantes para ser uno mismo y tener una imagen positiva de sí. En efecto, imponerse como "sujeto" frente al prójimo, guiar al final su realización, implica poder confrontarse con los demás y a la realidad.
Esto supone una cierta integridad adquirida, una cierta coherencia experimentada, permitiendo aguantar sin amenaza excesiva, al riesgo, al fracaso o a la contradicción, permitiendo en una palabra "ser osado".
El caballo, como objeto de cuidado, puede servir al joven para revelar sus aptitudes. El joven, sintiéndose útil al lado del animal, va desarrollar una confianza en sí, así como una estima de sí mismo. Se va percibir como digno de interés y de respeto por parte de los demás.
Poder actuar, tomar decisiones, existir, implica un cierto control de sí mismo. Eso es muy importante en la terapia con los caballos. Los jóvenes saben que si quieren ser amos del caballo cuando están montando, tienen que tratarlo con respeto y rectitud.
Para las sesiones, utilizamos el material clasico de equitacion. Es decir las rasquetas, las escobillas y para la seguridad el casco. Pero, utilizamos también material adaptado que vamos a presentar aqui :
Los estrivos cerrados